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La fuerza del asentir: decir sí a la vida tal como es

El movimiento interno del asentir

En el trabajo con Constelaciones Familiares, uno de los movimientos más profundos y transformadores es el asentir. Asentir no es una acción externa ni una decisión mental; es un gesto interno, silencioso, que implica reconocer la vida tal como fue y tal como llegó. Cuando este movimiento no se completa, la persona suele quedar en lucha constante con la realidad.

Muchas dificultades que aparecen en la vida adulta tienen raíz en un “no” profundo: no a los padres, no a la historia familiar, no a ciertos hechos del pasado. Este rechazo interno debilita, porque implica un gasto constante de energía en resistir aquello que ya ocurrió.

Decir sí no es aprobar

Asentir no significa justificar, minimizar ni estar de acuerdo con lo ocurrido. Tampoco implica negar el dolor o las consecuencias de ciertos hechos. Desde la mirada sistémica, decir sí es reconocer que eso sucedió y que forma parte de la historia personal y familiar.

Cuando una persona puede asentir internamente a lo que fue —aunque haya sido difícil— deja de luchar contra el pasado. Esa lucha silenciosa, muchas veces inconsciente, suele manifestarse como agotamiento, frustración o sensación de estar detenido en la vida.

El vínculo con los padres y el asentir

Uno de los movimientos más significativos del asentir está relacionado con los padres. Tomar a los padres tal como son, con sus límites, sus historias y sus decisiones, es un paso fundamental para tomar la propia vida. Mientras exista un rechazo interno hacia ellos o hacia la forma en que la vida llegó, la persona permanece en una posición infantil frente a la existencia.

Asentir a los padres no implica idealizarlos ni negar lo que dolió. Implica reconocer que la vida llegó a través de ellos exactamente de esa manera. Cuando este movimiento se completa, la persona se fortalece y puede ocupar su lugar adulto en el sistema.

La resistencia y sus consecuencias

Cuando el asentir no ocurre, el sistema busca compensar. Esta resistencia puede expresarse en conflictos repetidos, dificultades para avanzar, sensación de estancamiento o incluso en una desconexión profunda con el propio deseo. Muchas veces, la persona siente que “hace todo lo posible”, pero algo no termina de acomodarse.

Las Constelaciones Familiares muestran que no siempre se trata de hacer más, sino de asentir profundamente a lo que ya es. Desde allí, la vida vuelve a tomar impulso.

El asentir como acto de madurez

Asentir es un gesto de madurez interna. Significa dejar de esperar que el pasado sea distinto y comenzar a asumir la propia responsabilidad sobre la vida actual. Este movimiento no quita dolor, pero sí quita peso. Permite que la persona deje de cargar con lo que no puede cambiar y se enfoque en lo que sí está a su alcance.

En el campo de una constelación, este gesto suele ser visible y profundamente movilizador. Cuando alguien asiente de verdad, el sistema responde con un movimiento de orden y alivio.

La fuerza que surge del sí

Decir sí a la vida tal como vino devuelve fuerza vital. La energía que antes estaba atrapada en la resistencia queda disponible para crear, elegir y avanzar. Aparece una sensación de mayor coherencia interna y de conexión con el propio camino.

Este sí no es ruidoso ni grandilocuente. Es simple, silencioso y profundamente transformador.

Para ir cerrando

La fuerza del asentir reside en su sencillez. Cuando una persona puede decir sí a la vida tal como fue y tal como es, deja de luchar contra lo inevitable y recupera su potencia interior. Las Constelaciones Familiares nos enseñan que, desde ese sí profundo, la vida puede ser tomada con mayor plenitud y responsabilidad.

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